De castañas, calabazas y Tenorios

El fin de semana de la festividad de Todos los Santos tuvo una inusitada actividad. Comenzamos con los actos del ¡Tomas Castañas!. Continuamos con los sustos de la noche de Halloween y finalizamos con la versión valverdeña de Don Juan Tenorio. Un lujo.
Una mirada al pasado.
Tras el mes de octubre, mes del Rosario, llegaba noviembre, mes de las ánimas. Preparadas las tablillas con los veluches, había novena de las ánimas, responsos, catafalco, indulgencias por las ánimas del Purgatorio, visitas a la ermita, entonación por el tío Cándido del “Rompe, rompe mis cadenas”, rezo de la “Recomendación del alma”… Durante la vigilia de ánimas, del 1 al 2 de noviembre, el sacristán pasaba parte de la noche tocando a clamor, un toque lento en cada campana, grande y pequeña cuando las hubo, o un toque de badajo y otro de martillo cuando sólo quedó una campana.

Veluches y tablilla
Esa misma noche los mozos celebraban la “machorra”, una cena de confraternización (con pretendido estorbo de las mozas) en la que se guisaba una res mayor estéril y se elegían los cargos del grupo: alcalde de los mozos, alguacil, rondistas, cocineros, escanciano y candilero. Durante esa noche los mozos, o mayores, se turnaban durante la partida de cartas para acompañar al sacristán que acudía a la torre a ejecutar el toque de clamor.
Previamente al comienzo del mes se elegía una animera que recorría el pueblo con un farol, tocando una campanilla y desgranando una cantinela de puerta en puerta: “¡una oración y una limosna para las benditas ánimas del Purgatorio”. Era también la encargada de encender la tablilla de los difuntos durante la misa. Todo muy desasosegante.

Catafalco (Dibujo de José Antonio Alonso)
Las castañas, crudas, asadas, cocidas con vino estaban en su mejor momento, desde que vinieron de Galicia a principios del siglo veinte. Y siempre hubo calabazas con vela y dientes. Y el miedo a las ánimas con los toques de clamor y el paso de la animera con su lamento constituían un escenario suficiente para atemorizar a los más pequeños, sin necesidad de recurrir al anglosajón “All Hallow’s Eve” la “Víspera de Todos los Muertos”.
¿Y el Tenorio? También tuvimos años atrás, hacia 1950, al menos una representación de la obra, (y también de “La Vida es Sueño” y de “La venganza del perdón”) recordándose la actuación de Mary Benito como Doña Inés, del practicante Don Pepe como Don Juan, de su mujer Julia, de Ángel Bermejo… Y también una versión más simplificada del Tenorio hace tres años.
El magosto, ¡Toma castañas!
Hace una docena de años, amigos del pueblo y de la Sierra Norte y sus costumbres idearon la posibilidad de celebrar en Zarzuela esta simpática fiesta, tan afincada en provincias del norte donde también abundan las castañas.

Actuación de Las Kacharreras
Ya va por la duodécima edición y, acompañando el día, la jornada tuvo un gran contenido y éxito: degustación de castañas asadas, creación de un vivero forestal, rutas guiadas entre castaños, cuentacuentos, comida vegana y taller de cestería, tareas de horno y fragua…. El grupo de música serrana “La Kacharreras” interpretaron viejas canciones, entrañables, de la tierra.

Homenaje
Y, al filo del mediodía, acto de reconocimiento a los vecinos del pueblo y alrededores que lucharon contra el fuego en el incendio del pasado verano: Eugenio de Tamajón, Paco de La Huerce, Juan Alfonso de Cogolludo, Nano en La Nava, Roberto de El Arroyo, Manolo y Sergio ayudando en La Huerce, Pepe, Fernando y tanta gente más que se jugó la vida… Y aquí el enlace al discurso del acto de homenaje: Homenaje

Conjunto premiado
La tarde del 31 se pobló de casas y corrales terroríficamente engalanados, de niños con el “truco o trato”, de cuentos y leyendas, “la leyenda de la pizarra maldita”, de máscaras horripilantes. Los niños se lo pasaron de miedo, y también los padres, sobre todo las madres, muchas de ellas grupadas alrededor de la Asociación Cultural.

Imagen del cementerio
La representación del Tenorio valverdeño, ya en la tarde del día 1, fue el inmejorable colofón para el fin de semana, un poco pasado de vehículos y visitantes, por cierto. Don Luis, Don Juan, Brígida, Doña Inés, Centellas, Ciutti se personificaron en el cuerpo de Sonia, Mori, Celia, Ana, Alvaro, Carlos y muchos más, con el relato de Eva y el acompañamiento de la turba de chavales o del séquito de monjas. Un sorprendente decorado con las aportaciones de Aurora y una adecuadísima banda musical a cargo de Fernando completaron el brillante espectáculo, que si no fue el mejor de los tenorios posibles lo fue para nosotros.
Dña. Inés y Don Juan
Los tiempos cambian, lo que antaño era cena de la machorra ahora es chocolate y bollos para todos. Y ya que no hay colegio para los niños, ni niñas para el colegio, las jóvenes de la Asociación nos convocan en el terrorífico colegio del El Portalejo para darnos una lección de lo que eran los horrores de antaño. La esquila de ánimas ya no recorre nuestras calles pidiendo limosna y oraciones. Las calles están más iluminadas, las casas tienen aspecto de mansión de los espantos y por la puerta de cada casa desfila el jurado que dictamine la fachada más pavorosa. A lo mejor algún día, niños de colegio y padres de pueblo recorrerán de nuevo nuestras calles el resto del mes de noviembre y de todo el año.

Grupo de protagonistas
O no. Y todo esto será de nuevo memoria y ya tradición, que se va haciendo cada día y entre todos.
Y aquí puedes leer nuestro artículo completo Ritos funerarios de Valverde de los Arroyos



