MIEDES DE ATIENZA Y LOS OJOJÓS (Por Oscar Ponce Jimeno, Cronista Oficial)

Aunque el tiempo de carnaval y la cuaresma ya pasaron, queremos recordar hoy una costumbre recientemente recuperada que se ha reintroducido en el calendario festivo de nuestro vecino pueblo de Miedes de Atienza. Un ejemplo a seguir. Lo hacemos de la mano de su cronista oficial, investigador e impulsor de esta costumbre, en colaboración con la asociación cultural del pueblo.
Miedes se encuentra enclavado en los confines de la provincia de Guadalajara, más concretamente en la Sierra Norte, al limite con la provincia de Soria.
Por su término transcurre el río Cañamares que riega una rica dehesa, la Respenda, y sus terrazas fluviales, donde predominan las areniscas triásicas, han servido de refugio a la gente de la prehistoria. De ello nos da pista las múltiples cuevas y tumbas excavadas en la roca.

Además, aparte de las cuevas, que fueron reutilizadas en la Edad del Hierro, existen unos petroglifos antropomorfos datados en la Edad del Bronce.
El origen de Miedes es muy antiguo, y ya en el cercano cerro del Castillo es posible que hubiera un castro perteneciente a la cultura celtíbera, los Arévacos, donde posteriormente se alzó una fortaleza Alto Medieval. Esto fue debido a su posición estratégica en tiempos de Reconquista, cuando las cabalgadas cristianas entraban por estos valles para profundizar y desolar el valle del Henares. Miedes aparece en el cantar del Mio Cid:
“Al día siguiente de mañana se disponen a cabalgar;
Solo ese día tienen de plazo, sabed que no más.
a la sierra de Miedes iban a descansar.
Aún era de día no se había puesto el sol.”
Posteriormente, pasó a formar parte del común de villa y tierra de Atienza, hasta que en el siglo XIV fue donada al primer señor de Miedes, Iñigo López de Orozco, pasando a ser cabeza de un próspero señorío que en poco tiempo cayó en manos de la poderosa familia Mendoza, en la cual estuvo hasta la abolición de los señoríos en 1837.

Fachada del Ayuntamiento
Al calor de esta poderosa familia llegaron hidalgos que levantaron grandes casas con escudos nobiliarios. En Miedes se fundó una cátedra de gramática, tuvo hospital y una casa donde habitaba un familiar de la Santa Inquisición. Resumiendo, podemos decir que Miedes es un pueblo cargado de historia, pero también es un pueblo que atesora una rica etnografía y muestra de ello es el festejo de los Ojojó.
Este curioso festejo queda enmarcado en Carnavales, desaparecido en la década de los 70, siendo recuperado en 2025 por la Asociación Cultural Sierra de Pela. Ya en 1979 fue documentado por José Ramón López de los Mozos. Gracias a este etnógrafo y a los testimonios de la gente mayor del pueblo se ha podido volver a revivir estos personajes.

Salen los Ojojós de Miedes
Hoy día el festejo se celebra el segundo sábado de marzo, por motivos de afluencia de gente, y se han añadido algunos elementos que enriquecen el festejo y la puesta en escena. En la plaza, cuando el sol se encuentra en el umbral del horizonte, se enciende una pila de leña que arde mientras unos gaiteros amenizan a la gente que se concentra para ser testigos de lo misterioso. A las 20:00 los Ojojó, dos personas con antiguos atuendos se visten de viejo y vieja, tiznándose de negro la cara y las manos, junto a las vaquillas, que visten un calzón blanco, albarcas, portan unas amugas con cuernos, cara blanca y ataviadas con unos cencerros, descienden desde lo alto del palomar, el cerro del Castillo, hasta llegar a la plaza.

Torre y castillo
El retumbar de los cencerros anuncian la llega de estos seres que parecen salidos de ultratumba. Su cometido es tiznar de negro con el hollín preparado previamente y que se encuentra en una sartén que porta la vieja. Aparte de tiznar de negro, otro de sus cometidos es sacar a bailar a los asistentes al festejo. Las vaquillas envisten, se reparte caldo y comienza una ronda por el pueblo, en la cual las travesuras de las Vaquillas y los Ojojó continúan. Después se cena en la plaza y se baila hasta bien entrada la noche.

He de decir que estos festejos invernales, de tiempos de carnestolendas, es posible que tengan características que los retrotraen a tiempos remotos, pudiendo estar asociados a culturas de tipo animista, a cambios estacionales. Sus orígenes son complejos y el que asiste a estos festejos queda prendado de un halo de misterio que los hace atractivos. Debemos de conservar el folclore, el habla del pueblo, el habla de la tierra.
Oscar Ponce Jimeno, cronista oficial de la villa
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