La luna no es blanca.
La luna y el sol son como aquellos hermanos que, a fuer de desavenencias, fueron condenados por su madre a verse continuamente pero no a tocarse. Van vagabundeando por nuestro imaginario reducto espacial, juegan al escondite y se hacen guiños interminables. El sol le presta su luz, unas veces de frente, otras oblicuamente y en otras la luna se esconde con el sol a su espalda. Pero nunca tan a la espalda como cuando la mentirosa se venga del sol… (Seguir leyendo..)


