La luna no es blanca.

La luna y el sol son como aquellos hermanos que, a fuer de desavenencias, fueron condenados por su madre a verse continuamente pero no a tocarse. Van vagabundeando por nuestro imaginario reducto espacial, juegan al escondite y se hacen guiños interminables. El sol le presta su luz, unas veces de frente, otras oblicuamente y en otras la luna se esconde con el sol a su espalda. Pero nunca tan a la espalda como cuando la mentirosa se venga del sol y se coloca, malévola y presumida, delante de él.
Y hemos descubierto que la luna no es blanca. Ni amarilla, ni anaranjada. El famoso eclipse del pasado 12 de agosto nos ha puesto en evidencia algunas cosas. El color de la luna no es el que parece y pierde un tanto su aire de romanticismo. No deja de ser, de parecer, un enorme pedrusco de 3500 km de diámetro y un peso de 7,35 x 10^22 kilogramos. Su color real es grisáceo, el color de una roca polvorienta compuesta por minerales como magnesio, hierro, titanio o feldespato. Una absoluta vulgaridad.

Hemos descubierto algunas otras cosas. Que hasta los más escépticos (“pues anda, menudo alboroto con el eclipse”) contemplaron el fenómeno y quedaron asombrados. Que los que decían que no pensaban ponerse las gafas del eclipse al final hicieron cola y se quedaron sin ellas. Que la importancia de una parte de la España vaciada y de la Serranía Celtibérica pueden adquirir, a poco que los astros se pongan de acuerdo, dimensiones cósmicas. Que el sol, y la luna, a través de unas gafas homologadas, son más pequeños de lo que a simple vista parecen. Que el fenómeno se produjo con una precisión asombrosa. Que una parte pequeñísima del sol puede iluminar perfectamente la superficie de toda la tierra. Que eso de las perlas de Baily y el anillo de diamantes era verdad…
Y que, con una buena preparación, técnica y arte se puede grabar la secuencia completa del eclipse sobre nuestro pueblo y el Campachuelo, como hizo Rafael Navarro.

Luego está la parafernalia, curiosidades, estafas y picardías de turno: algunos hacen su agosto con los precios de los alojamientos, más allá de las nubes, aparecen gafas que no son válidas para la observación, miles de barcos fondean en las Baleares, se organizan cruceros, viajes en globo… ¡ La Dirección General de Tráfico se preocupa ¿hay quien conduce con gafas que anulan el 99,9% de la luminosidad!?, y hasta nuestro pueblo se llena de extranjeros.
¿Y qué tal el eclipse?
El comentario parece que es unánime: “Pues mereció la pena”. Como hemos dicho todo llegó con precisión matemática, o mejor, astronómica. A la hora prevista comenzó el evento, pausadamente, no parece que fuera a durar las casi dos horas que anunciaban. Según desde donde lo observáramos la duración total podía variar en función de la puesta del sol. Podemos decir que, en el Cerro del Campo, donde comenzaba a las 19,35h, el sol se ocultaba a la derecha del Pico del Lobo a las 21,15 h y todavía no había concluido el eclipse.

El sol y la luna se ocultan junto al Pico del Lobo
Las fotografías, de teléfono, claro, no dan fe de la realidad. Realmente se vieron todos los fenómenos que anunciaban: primero las fases sucesivas del eclipse, luego el momento llamarada rojiza en uno de los laterales de la parte visible del sol, después los pequeños destellos simulando las famosas perlas y luego el anillo de diamantes. Y en algún momento una gran proyección circular en estrella espiculando todo el contorno de los dos astros.

Se encienden las luces
La oscuridad fue total, y se apreció la bajada de la temperatura. Las sombras y espectros se fueron deslizando a nuestros pies. Lo que era una penumbra rojiza en base a la hora y a la canícula existente se convirtió en un rosario de pueblos que fueron encendiendo sus luces por toda la periferia castellana y serrana, amplia y reconocible, de nuestro observatorio. Ya sin el siniestro resplandor de las llamas. Y, al decir de quienes lo vieron a pie de calle, los pájaros revolotearon inquietos.

Momento abrazos
Y hubo exclamaciones, momento abrazo, fogonazos por las cumbres, señales luminosas… para dar paso, poco a poco, al desfile de linternas ya descendiendo de las alturas.

El grupo de la Asociación Cultural
En Valverde hasta casi un centenar de observadores, muchos de la mano de la Asociación Cultural, se desplazaron a diversos puntos de nuestra geografía y comenzaron el regreso, nostálgicos, en lo que parecía la procesión de las antorchas: Ocejón, Cerro del Campo, Majada del Roble, Cueva del Reloje, Majada de las Peñas…:

El sol sobre Valverde y el Campachuelo (Rafael Navarro)
¿Repetiremos?
Podemos desplazarnos a Tarifa, o a Ceuta si todavía existe, para ver un nuevo eclipse en su totalidad el 2 de agosto de 2027. En esta ocasión por la mañana y con más de dos minutos de duración. O el 26 de enero de 2028, en este caso anular, hacia las seis de la tarde, crepúsculo invernal, a punto de ponerse y sólo visible en la cresta de Ocejón al Campachuelo. Los más viajeros pueden repetir la experiencia el 2 de septiembre de 2035, y en este caso con un plus de espectacularidad: el monte Fujiyama o la Muralla China.
Demasiado tiempo. Pero siempre nos quedará ver amanecer desde alguna de nuestras cumbres, que eso lo tenemos todos los días.

Y, si no, nos quedamos con nuestras sensaciones más románticas.
Ya lo dijo Joaquín Sabina, frente a la ordinariez de un enorme guijarro, «que no se ponga la luna de miel».
P.D. Agradecemos a Rafael Navarro, Antonio Alonso, Arancha Alonso y Conchi Escobar la cesión de algunas de las imágenes


