Orfebrería antigua en Valverde de los Arroyos (Por Antonio Herrera Casado)

Llegar a Valverde de los Arroyos, es hacerlo a uno de los más hermosos y apartados rincones de la provincia de Guadalajara. Y hacerlo en busca de piezas de orfebrería antigua, es tarea que raya en lo inesperado. Pero eso es lo que hice, no hace mucho, y el intento dio sus resultados, porque encontré en su parroquia la cruz procesional “de toda la vida” que se conserva intacta, y en uso, desde el remoto siglo XVI. Lo cual prueba la fuerza de la tradición, y el rigor de la historia, también en este enclave de perdidas huellas.

La puse como elemento destacado en un libro reciente que titulé “Orfebrería de Guadalajara” (Aache, 2020) y en el que trataba de aunar las mejores piezas que el arte de la labra del oro y la plata han dejado en las tierras de nuestra provincia. Entre ellas aparece destacada la cruz de Valverde, y a es a ella que dedico estas líneas y artículo en el recién nacido blog que monta el cronista oficial de la villa, el doctor Alonso Gordo, con un ímpetu que va a servir para dar aún mayor realce a este lugar de nuestra Sierra Norte.

La cruz procesional de Valverde.

Es una obra del siglo XVI, realizada en plata y con algunos detalles en plata sobredorada. Aunque incluida en un estilo netamente plateresco, todos sus elementos iconográficos y la ornamentación, están realizados con un aire eminentemente popular, como pocos son dados de ver en este tipo de obras. Posee cuatro extremos de idéntico tamaño y estructura. El inferior acaba en una punta que se incrusta luego en la correspondiente abertura de la macolla. Los brazos acaban en flores de lis, en cuyo centro se coloca un pequeño medallón, de no más de 2 cm. de diámetro, con figuras religiosas grabadas en ellos.

En el centro del anverso aparece una imagen, exenta, de Cristo crucificado. Y en el reverso, en plata dorada, y protegida por cenefa calada de aire renacentista, una pequeña talla de la Piedad. En cuanto a los medallones, quizás lo mejor de la Cruz, por su aire tan ingenuo y popular, que acusan una sencilla y fervorosa mano, no exenta de un gusto y una técnica probadas, podemos reseñar que en el anverso aparecen grabados Santa Catalina, Santa Bárbara. San Lorenzo y el Ecce Homo, cuya fotografía acompaña estas líneas. En el reverso figuran una soledad, San Juan, San Judas y una Santa Virgen y mártir. Incluso en la macolla, que por la estructura achatada y oblonga, así como por el material empleado y los detalles de ornamentación, está confirmado ser obra de la misma época y mano, que el resto de piezas que aparecen en otros seis pequeños medallones con otras tangas figuras evangélicas, entre las que distinguimos a San Pedro, San Pablo, San Juan y San Andrés.

Terminado el estudio que podría llamar macroscópico y artístico, he de pasar a la identificación y época de su autor y factura, lo cual, en este caso se presentaba muy difícil, dado lo borroso e incompleto de las marcas que aparecen en la cruz. De las Ordenanzas dictadas por los Reyes Católicos en Valencia, en 1488, y en Segovia, en 1494, deriva el hecho de que todas las piezas de orfebrería hispana lleven las marcas correspondientes al autor de la obra, acompañada del emblema distintivo en la ciudad donde trabajaba. Se conocen las marcas de muchos plateros y las de bastantes ciudades, como Toledo, Ávila, Burgos, Segovia y Sigüenza, entre otras. La Cruz de Valverde posee marcas de este tipo que nos permiten adscribir su factura a un lugar y a un autor, muy concretos. En la punta de la Cruz, unas letras que nada dicen y la marca de la ciudad de Segovia, que consiste en la cabeza de una mujer, con los pelos radiantes, sobre un esquemático acueducto, lo que nos da razón, bien a las claras, de haber sido en aquella ciudad donde se trabajó esa pieza. Y abajo, en la misma macolla, tras repetidos intentos de limpieza, claramente aparece el nombre del platero, Diego Valles, artista ya conocido, pero que con esta pieza plena de detalles iconográficos y fuerza popular, aumenta su renombre entre los estudiosos.

El autor.

De Diego Valles nos habla el marqués de Lozoya en sus “Notas sobre Plateros segovianos del siglo XVI”, publicadas en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones del año 1926. Nacido a finales del siglo XV, ya en 1509 estaba en plenas funciones de trabajo, pues en un protocolo de julio de ese año aparecía su nombre en un contrato. Don Juan de Contreras señala también la existencia de una obra suya, firmada igualmente, en la parroquia de Zamarramala: el relicario que contiene un fragmento del Lignum Crucis y que procede de la iglesia de la Vera Cruz, que poseían los caballeros templarios en Segovia. Igualmente señala el marqués de Lozoya la existencia de este punzón en una rica custodia gótica de plata dorada existente hace años en el comercio de antigüedades de Madrid. Por una parte, aparecía el punzón de “Diego Valles”, en dos líneas, y por otra, la marca de Segovia, con el nombre “Diego” debajo, que el erudito profesor asignaba al también famoso platero Diego Muñoz, pero que más adelante se ha visto pertenecía a Valles. Así por ejemplo, en la obra que Charles Oman publicó en Londres, 1968, “The golden age of spanish silver”, incluye fotografiados, dos magníficos cálices del primer cuarto del siglo XVI, muy gotizantes aún en su estructura, pero con detalles ornamentales ya claramente platerescos, que son atribuidos  a nuestro autor, pues bajo la marca de Segovia aparece el nombre “Diego”, y, aparte, surge el punzón del platero, que Oman traduce por “Diego Vaile”, en su lectura imperfecta del castellano antiguo, y que son la firma inconfundible de Diego Valles..

Tras este breve apuntamiento, que sólo persigue dar al público conocimiento de esta interesante muestra de orfebrería que conserva nuestra provincia, sólo nos queda animar a cuantos gocen de verdad la contemplación de estas hermosas obras del antiguo y paciente trabajo de los artesanos del metal noble, a que se den una vuelta por Valverde de los Arroyos. Lugar en el que, como se ha visto, no solo prima el paisaje, el clima, las tradiciones festivas y gastronómicas, sino también algunos detalles que incumben al patrimonio artístico más enraizado y serio, el de la orfebrería, que hasta aquí alcanzó en tiempos pasados.

 

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