La Octava en imágenes

Hubo un tiempo en que la víspera de la Octava era de otra manera: era el momento de celebrar “las vísperas”. Con su oficio religioso y con el Cantar de los Hermanos, dedicado a los Cofrades del Santísimo.  Luego han ido llegando los pregoneros o pregoneras, los grupos de folklore, la limonada, incluso a media mañana la Charanga del PVC.

¿Sabías que la noche de la Octava nunca brilla luna? Siendo la Pascua la primera luna llena tras el equinocio de primavera,  y celebrándose la Octava siempre a los setenta días, se cumplen dos ciclos lunares y medio. La Octava siempre será en luna nueva y los rondadores nunca la verán cuando entonan el Cantar de la Octava. El momento mágico es en la oscuridad de la noche, antaño total.

Mozos y danzantes tienen que madrugar la mañana de la Octava. Los unos para limpiar la plaza y colocar las enramadas en las esquinas y en el balcón o tejado de la novia. Y después para adornar la era con las retamas y ramas de roble, las “lámparas”. Los danzantes, por su parte, tienen que ensayar, preparar el “Ramo” con las rosquillas y hacer una primera ronda por el pueblo invitando a todos los vecinos a sumarse a la fiesta.

Las mujeres tienen también sus ocupaciones matutinas: hay que preparar la comida, barrer la puerta de casa, se deben levantar y adornar los altares donde descansará el Santísimo, las mujeres de los danzantes tienen que ayudar a vestir a su danzante, hay que limpiar y adornar la iglesia…

Llegado el momento, a media mañana, los mozos volearán las campanas anunciando la fiesta. La plaza se va llenando del colorido de los danzantes y visitantes y a la hora prevista aquellos van a buscar al cura y al predicador, antaño al curato y hogaño al ayuntamiento. Los acompañan a la iglesia y luego les escoltan en el altar y en la procesión. Comienzan a sonar los acordes del armónium y el redoble del tambor que convoca a asistir a la función.

Cofrades, danzantes, niños de primera comunión, autoridades y fieles asisten a la función solemne en la iglesia de la localidad. Todavía suenan los acordes de la misa de Pío X que en su tiempo se entonaba bajo la dirección del “tío Cándido”. El palio, la cruz procesional de plata, el palio, las insignias, están presentes en la iglesia y luego desfilarán en la procesión de manos de los cofrades. El botarga se encarga de que se guarde el orden y la compostura en la iglesia.

La procesión desfila por el pueblo y se va deteniendo en los altares colocados en la plaza del pueblo y en la era. Antaño también en la plaza de abajo, delante de la casa del curato. En la era se forma el círculo donde preside la custodia, bailan la Cruz los danzantes y cierra el espacio el pendón y el ramo de rosquillas. Los cerros conforman un gran anfiteatro y Ocejón preside el rito milenario.

La plaza mayor de Valverde, de María Cristina, configura de nuevo un círculo mágico que acoge las rosquillas, el Ramo, la danza del Cordón, la rueda de espectadores, la arquitectura que le rodea y los montes que circundan el pueblo. En el centro y vértice de todo ello, el astro rey y la divinidad a la que antiguos pobladores y modernos habitantes rinden culto.

En El Portalejo los personajes del teatro popular resuelven sus cuitas, ayudados o entorpecidos por el Bien y el Mal que representan Miguel y Luzbel. Las comedias de añeja factura ilustran a los valverdeños y visitantes sobre los misterios de la fe al tiempo que les proporcionan distracción y entretenimiento.

Cualquier asistente, oriundo o visitante, puede hacer que los danzantes ejecuten una danza en su honor: la Perucha, los Molinos, el Capón, el Verde, sonarán y se formarán para cuantos lo deseen, al tiempo que recibirán un Viva de todo el grupo, a cambio de colaborar al mantenimiento de la tradición.

Se van apagando los ecos de la fiesta. Entre los muros y tejados de pizarra se van escondiendo los ecos de la gaita y el tamboril. En el interior de las casas perduran los recuerdos de quienes en tantos siglos han vivido la Octava y de los que en el último año nos han abandonado El tambor, los cohetes y las oraciones de los valverdeños se escuchan en su honor.

El segundo día está dedicado al Sagrado Corazón y a la Virgen de Gracia. Y, tras un día de intensa actividad y aglomeración, los valverdeños se agasajan a sí mismo al compás de la ronda y al disfrute de las viandas con que se van obsequiando a las puertas de cada casa. Hasta el siguiente día de la función.

 

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