Penalidades médicas de antaño y hogaño

El primer “sanitario” de que se tiene referencia en Valverde era un tal J. Antonio García, que en 1753 figura como sangrador y barbero. A buen seguro que como él hubo otros y alguno más que, a modo de curandero o similar, pusiera sus cortos conocimientos para mejorar la salud de los valverdeños.

Ya en 1816 Manuel Borlaf, y luego su hijo del igual nombre en 1837, figuraba como cirujanos, del mismo modo que Valentín del Castillo, ya en 1867. También Liborio Ambrós, barbero-sangrador en 1875 y José del Castillo, sangrador, en 1882. Debió haber problemas para cubrir la plaza de médico en Valverde ya que durante los años 1878-84 y siguientes se publica en varias ocasiones la vacante de la plaza de médico-cirujano, sangrador y barbero, a pesar de la suculenta oferta salarial de 115 + igualas de 230 pts. incluyendo centeno, patatas, leña y casa gratis. Recordamos también a Bernardino González, practicante en 1924 y padre de la “tía Sara”.  Con tales carencias médicas no es de extrañar que en 1887 se multara a D. Benito Sanz con 125 pts. por intrusiones cometidas en la ciencia médica en Valverde de Ocejón; se ve que el hombre hacía lo que podía a falta de facultativo titulado.

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Algunos de aquellos años de finales del siglo XIX debieron ser duros, ya que, falleciendo habitualmente 18-20 valverdeños cada año, en 1889 lo hicieron 30 y en 1897 fallecieron 47, de los que 31 fueron niños. Muchos procedían de la Real Inclusa de Madrid y la mayoría murieron en Septiembre-Octubre de dicho año. Cifras terribles. Probablemente la difteria tuvo la culpa. Otro día nos ocuparemos de esto.

No sabemos la causa, quizás por el trauma de tantas muertes prematuras, pero hacia 1903 no había médico en Valverde, sólo un practicante. Los libros del Registro de aquellos años declaraban en varias ocasiones:

Reg Por no haber médico

“… de muerte natural y sin asistencia facultativa legal por no haber facultativo competente en esta localidad y hallarse los médicos en este país a largas distancias y caminos casi intransitables razón por las cuales la visita de cualquier médico que hubiera tenido a bien asistir previo recado particular debiendo haber exigido honorarios algún tanto exorbitantes y ser pobre el enfermo, quedando tres niños hijos suyos de corta edad, y sí le ha hecho una visita en el día de ayer D. José María Cortés Pérez practicante y con residencia en Palancares…

Y en otro sitio:

“… una niña de veinte meses de edad… la cual al parecer ha dejado de existir por razón de no haber tenido un día bueno desde hace lo menos seis meses, no habiéndola visitado facultativo alguno de medicina, pero sí la han visto enferma los convecinos y otras personas… los cuales declararon el hecho de la verdad para que se provea lo necesario a enterramiento…”

En la postguerra el médico más famoso fue D. Benjamín Pedroches, que tenía su sede en Campillo de Ranas. Era hombre de muchos oficios, ya que además de la medicina general hacía de todo: atendía partos, sacaba muelas, ejercía de forense cuando era necesario… El problema era que no había carreteras ni vehículos para recorrer los caminos serranos, ni teléfono para avisar al médico. Unas veces el médico llegaba en caballería por el antiguo camino de Campillo (ya desaparecido) o de Majaelrayo (ahora el GR60), como cuando tuvo que asistir a Agustina, quemada en la cara con carburo. Pero otras veces eran los valverdeños los que tenía que hacer el camino pasando por la Majada del Roble con sus 1735 m. de altitud y mucha nieve en ocasiones.

Parihuela

Se recuerdan diversas ocasiones en que hubo que sacar valverdeños desde el pueblo a Campillo en parihuelas o, como se podía, a lomos de caballerías. Tanto unos palos como un somier, portados trabajosamente por hombres o caballerías, con un colchón encima, valían para el trasporte. Así sucedió con Crescencio, cuando le pilló el molino, que le llevaron en una mula con una silla adaptada que tenía probablemente la familia del tío Cándido o Celestino. La gente recuerda su paso por la era con el brazo medio colgando, un poco ajustado al cuerpo.

Juan Benito, con una hemorragia digestiva, fue llevado al médico a Majaelrayo, también entonces Don Benjamín, que tenía la sede en Campillo. Aunque estaba de médico don Andrés, este dijo que había que sacarle de aquí, que si no se desangraba. Así, lo llevaron a Majaelrayo porque era más cerca que Tamajón y desde allí saldría en un vehículo, quizás en un camión. Parece que también Paco Mesón, cuando empezó a tener síntomas de debilidad en las piernas, con unos 18 años, fue trasladado en una escalera con un colchón.

Maricruz cuando cayó por una peña yendo con las ovejas en el Hervidero, se rompió la pierna, la bajaron al pueblo y luego la llevaron a Majaelrayo. Conservó la escayola entera un tiempo en la “cámara” tras quitársela y los chicos iban a verla, como una curiosidad.

En ocasiones, tras ser visitado por el médico titular, había que hacer el camino hacia Tamajón, varias horas para recorrer los 25 km de distancia en mula. Pascual, con grave enfermedad, tenía bultos en el cuello y le llevaron en mula a Tamajón. En el caso de Emilio, tras ser visto por D. Andrés. aprovechó un viaje que tenía que hacer a Madrid y salió él mismo en caballería hasta Tamajón, donde cogió la Bernal hacia Madrid, donde fallecería poco después de operarle.

En algunas ocasiones salió gente enferma en el camión de Antonio Monasterio y Avelino, el de Majaelrayo, ya que era el único vehículo del pueblo (portes de carbón, madera, muebles…). Y también en alguna ocasión se trajo pacientes terminales, o casi fallecidos, en caballería, en coche o en el taxi de Manolo, el de Humanes hasta el pueblo, siempre en circunstancias, por supuesto, dolorosas. Pensemos que entonces había que pasar a veces el lecho de los ríos con el agua hasta los faros y las circunstancias eran desgarradoras.

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D Javier médico, su esposa Charo e hijos, Dª Pilar maestra y D. Jaime, sacerdote con los niños de la escuela

Los tiempos fueron mejorando cuando ya tuvimos médico fijo, con casa propia aportada por el pueblo. Fueron los tiempos de D. Andrés, D. Javier (en la imagen adjunta), D. Heliodoro, D. José, el andaluz, o D. César, que llegó a atender más de 30 pueblos desde Galve y que dicen no dormía ninguna noche completa en su casa por la proliferación de avisos. Y ya los últimos fueron D. José Mateos, el valenciano y Mª Jesús Lou con la que ya se estrenó el Centro de Salud de Cogolludo y el Punto de Atención Continuada de Tamajón.

Otros adelantos han venido a suplir aquellas carencias y los vehículos de urgencias, incluido el helicòptero, han venido a remediar las antiguas carencias. en beneficio de propios y extraños. Las cosas han cambiado en estos casi trescientos años y también en los últimos treinta. Sin duda, la atención y los medios son mejores, pero se ha perdido la convivencia y la presencia de un funcionario que, como todos los demás, ha desaparecido de nuestras calles y, en cierto modo, de nuestras vidas. De modo paralelo el éxodo, poblacional y funcionarial, fue sucediendo de modo implacable.

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Un momento penoso, para vecinos, funcionarios y médico, era cuando, por una muerte súbita o violenta, había que realizar la autopsia (palabra maldita) a alguien, con pocos medios y conocimientos. Así sucedió cuando un rayo mató a Domingo en Palancares o cuando murió Tomás, siendo médico Eduardo Domínguez. Y también cuando falleció súbitamente  Atanasio Chicharro, de Galve, el “Tana” , cerca del Barranco de la Umbría hacia 1956. Una sencilla mesa en la ermita era la mesa de operaciones. Hay quien dice que antes era la gran losa a modo de poyo que hay detrás de la ermita (en la imagen).

En tiempos modernos nuestra mayor pesadilla sanitaria, no hace mucho, la produjo la pandemia del COVID que, afortunadamente, no trajo consecuencias sanitarias mayores a nuestro pueblo. Que no se repita ni aquello ni esto.

Recuerdos que son historia, parte de la vida de nuestros esforzados serranos. Cada uno tiene sus recuerdos de sus momentos más dolorosos. Sirvan estas líneas de homenaje para los protagonistas, los sanitarios y de apoyo cariñoso para sus familiares.

(Agradecemos a todos los valverdeños que nos han aportado toda esta valiosa información y rogamos nos aclaren cualquier imprecisión o el deseo de alguna subsanación)

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