Historias de nuestro Arroyo

Hemos hablado en entradas anteriores del Río Sorbe (Historias el Sorbe) y del Río Sonsaz ( Historias del Sonsaz) y hoy nos toca hablar del Arroyo de la Chorrera, nuestro río más exclusivo. Si el primero es el más importante y caudaloso y el segundo el más fascinante, el Arroyo de la Chorrera es el más distintivo y visitado, a causa de su paraje y topónimo de Despeñalagua. A él y al Arroyo de Casa debe su apellido nuestro pueblo cuando se le bautizó 1916 como “de los Arroyos por los dos inmediatos”.
Nacimiento y afluentes
Su nacimiento se produce entre el Pico Ocejón y el Campachuelo, si bien son tres los arroyos que le alimentan: el de La Pineda o de los prados del Poyal, bajo el Ocejón, el del Rastrojuelo, bajo el Campachuelo y el del Hervidero, que baja del Cerro del Campo. Los dos primeros se unen en los prados del Hervidero dando lugar a la cascada principal de la Chorrera de Despeñalagua y el tercero se incorpora a ella nada más descolgarse por la chorrera pequeña. Tras recorrer 9 km, despeñarse en una infinidad de cascadas y remansarse en un sinfín de pozos y alimentar un montón de regueras, salva un desnivel de 730 m, que van desde los 1750 m de altitud en su nacimiento, debajo de la Maja el Roble, hasta los 1020 en su desembocadura en el Sorbe a la altura de La Pasadera.

Una crecida de la Chorrera
En su trayecto va recogiendo caudal de cada uno de los barrancos que confluyen en él, todos con nombre. Además de los tres referidos, y con caudal variable dependiendo de la pluviometría de cada año, están por la izquierda el barranco de la Peña de Juan Durán y su cueva, el de la Morena, del Arroyo de Casa, el de Zarzuela, y el del Barranco de la Umbría, flanqueado por el Pontón Madera cerca de Zarzuela y con una bonita cascada más abajo. Por la derecha el de la Angostura, el de la Gargantilla o de los Sestiles (el más caudaloso de los afluentes), el de Las Chorreras (no confundir con la Chorrera), el de la Pubidilla, el de Majapinilla, el del Chápiro, y el de los Covachos o Mandaoveja.
Pozos, puentes, cascadas.
Aunque hay una pequeña cascada y pozo en el Hervidero (junto al prado del tío Bruno), los pozos más destacados están pasada La Chorrera siendo el primero el de los Señoritos, junto al prado de Pedro, con su bonita cascada y el del prado del tío Nicanor. Después están el del Gollindo, también con cascada, el de Calderete y sus memorables baños, el de Los Mozos, el de los Arañazos, el de Calderón… Quizás este sea el más famoso y allí se producían también zambullidas inolvidables y escondían truchas más que reglamentarias. Además de otros muchos sin nombre, continuaba hacia el pozo del Pontón de Zarzuela, el de la Gorronera, el del Tranquillo. el de los Orinales, el de la Canal, el de las Covachas, y el de la Canaliza de las Covachas.

Pequeña chorrera del Hervidero
¿Y sus puentes? En el Hervidero los arroyos se vadeaban a pie desnudo, sin puentes, por humanos y animales. El primero, y muy destacable por su elaborado diseño de ingeniería serrana y su estructura de pizarra, estaba más abajo, el pontón del Gollindo (los Pontones). Por el cruza la deteriorada «ruta de la flora y miel» y encima de él asienta la retención de agua que facilita el baño de los veraneantes. Aguas abajo, seguimos cruzando el arroyo por el puente de las Pasás la Huertas y por el del Molino Caído (donde seguramente asentaba el antiguo molino de Las Puentes en el siglo XVIII) y llegamos a las Puentes, con su área recreativa.

Los arroyos de las Puentes
Este último lo formaban dos puentes, uno franqueaba el paso del arroyo y el otro el del arroyo de la Gargantilla o de los Sestiles. Ambos estaban construidos sobre sendos muros de piedra enlazados por troncos de roble, y de ambos quedan todavía restos reconocibles. Las caballerías y peatones transitaban por ellos, pero cuando llegaron los automóviles, vadeaban el paso a pie firme y a rueda mojada y más de uno se quedó en medio con el tubo de escape inundado por el agua. A su vera, una intervención de los años ochenta configuró, con acertada estética, el «Area recreativa de las Puentes».
Después estaban el puente del Batán del tío Víctor y el puente del Tranquillo, también de madera salvando un desnivel destacable, y poco después estaban el Pontón de Abajo, el de Las Covachas y finalmente, el de las Canalizas, antes de llegar a la Pasadera, con sus 1020 m de altitud..

Puente del Tranquillo
Sus 700 m de desnivel acumulado se van salvando gracias a un buen número de cascadas, con nombre o sin él y de pequeñas presas que aprovechan el desnivel y dan lugar al caz correspondiente de diversos prados, molinos y batanes. Despeñalagua salva un desnivel de 80 m, si bien en su inmediatez inferior se producen otros pequeños saltos de agua. Enseguida despeña la del pozo de los Señoritos y la del prado del tío Nicanor y con pequeños saltos se va llegando a la del Gollindo. Poco después, la chorrera del caz del batán, y enseguida la de la Angostura, que es la que tiene mayor encanto. Siguen pequeñas chorrerillas y presas, la del molino, en Calderón, la del Tranquillo, etc. y desemboca plácidamente en la Pasadera, poco más arriba del puente de la Carrascosilla por donde pasaba el camino de Palancares a Umbralejo.
Hazañas y hechos destacables.
Mención especial requiere el acueducto del prado del Tío Bruno. Para llevar el agua a un prado con el desnivel a contramano, el referido personaje, o alguno de sus antecesores, construyó un acueducto a base de un par de muros de dos metros de altura y unas canales de madera que salvaban el arroyo y llevaban el líquido elemento a la pradera. Todavía se pueden contemplar los dos muros que flanqueaban el arroyo.

Restos del acueducto del tío Bruno
El pozo de los Señoritos debe su nombre a una familia de madrileños que pasaba el verano en casa de la tía Leonarda, en Valverde. Y no tenían mal gusto: un rincón escondido, una pradera junto al río, una coqueta cascada y el entorno ideal para disfrutar del baño y de la tortilla. Y en el fondo del pozo y en las peñas aledañas, abundancia de truchas, de las que muchos hemos podido disfrutar metiendo la mano por debajo de la peña, aun teniendo que sumergirnos para acceder a la boca donde se refugiaban. Hoy inaccesible, salvo trepando, y destrepando por la derecha tras al abandono de la limpieza de los aledaños de los prados, del lado izquierdo, uno de ellos del tío Cándido.

La Chorrera pequeña
Algo parecido sucedía en la cascada del Gollindo y la misma maniobra de inmersión para acceder al escondrijo de las truchas bajo una peña. El Gollindo es un auténtico “gollizno” (garganta estrecha entre peñas en el curso de un río) al que alguien bautizó como el Prado de las Brujas, acoge una pequeña covacha, además de dar origen a la humilde Cacerilla, que riega huertos, frutales y prados de la parte baja del pueblo. Era asiento de excursionistas (allí acampó el Club Alcarreño de Montañas en una concentración de los años ochenta) y de familias y grupos valverdeños que se desplazaban al lugar en merendola campestre. Y muy cerquita una refrescante y generosa fuente.

Pontón del Gollindo
No sabemos quién y cuando construyó el pontón del Gollindo, pero es una autentica y curiosa muestra de ingeniería serrana, sometida a los avatares de las riadas y de posibles despropósitos urbanísticos. Dos grandes piedras pizarrosas cabalgan desde los muros laterales, dando pie al asentamiento de otras dos grandes pizarras que son la base del puente. Afortunadamente los vehículos pueden pasar por el lecho del río para poder acceder a los prados del Reloje y a la Angostura, donde asienta la fuente que surte de agua al pueblo.
Junto a la desembocadura del barranco de la Angostura (foto de cabecera) asentaba el batán del tío Leocadio, que tanto paño batanó tras ser urdido en los telares del pueblo. Desgraciadamente, de él solo queda la añoranza, el caz, unos tristes muros, álamos derrumbados y alguna imagen para el recuerdo. Otro batán, debajo del molino, era del tío Víctor y de él solo quedan restos del muro, del caz y del desagüe que desemboca en el arroyo. Y del molino harinero, en la proximidad, apenas el edificio y restos reconstruidos del piso, habiendo sido trasladados sus elementos al fantasmal y clausurado Museo Etnológico del Palacio del Infantado en Guadalajara.

Pozo Calderón
De vez en cuando el arroyo se enfada y deja de ser un humilde curso de agua para convertirse en un torrente descontrolado. Comentaban Flora Gordo y Ángela Benito que, allá por los años cincuenta, en pleno mes de agosto, “cuando estaba trillando la tía Severiana, se desató una tormenta muy grande, nos cobijamos allí en una casilla de la era, donde tiene Gerardo la cochera y veíamos pasar el agua, y luego dijeron que se llevaba las vacas por la Pasadera”. Estaba el tío Vicente con las vacas en el Tranquillo y fueron arrastradas hasta la Pasadera, pasando al término de Umbralejo, sin perecer ninguna. Al día siguiente los mozos recogieron un montón de truchas moribundas. Años después, en las inundaciones de 2025, el agua pasó por encima de Las Puentes impidiendo el paso de vehículos, pero sin desgracias reseñables. Imagen distinta de la que se produce en el mes de septiembre de los últimos años, en el que su cauce aparece completamente seco a causa de la sequía y la falta de limpieza del arroyo.

La Pasadera
Probablemente el desecamiento estacional del río ha motivado la práctica desaparición de las truchas en sus pozos y chorreras. Pequeñas, y aún presentes, en el Hervidero, eran abundantes en casi todo el trayecto, subían por el arroyo de la Gargantilla, se colaban por el Cacerón y por el caz del molino y eran notables en Calderón. Son ya una especie difícil de encontrar en nuestro arroyo, donde ya tampoco quedan pescadores autóctonos, especie también en riesgo de desaparición en nuestra sierra.

Una trucha en el arroyo
Y aquí tienes el plano del Arroyo (Plano)

Plano del Arroyo
Agradecemos a nuestros paisanos, Jesús Mesón, Antonio Chicharro, Pedro Benito…los datos aportados para poder escribir el presente artículo y a quienes nos puedan aportar cualquier información complementaria..


