Mio-Cid vuelve a Miedes

Cuando se despertó el Cid, la cara se santiguó,

se persignaba en la cara, a Dios se encomendó,

muy satisfecho estaba de lo que acaba de soñar,

A la mañana siguiente se ponen a cabalgar,

ese día tiene de plazo, sabed que ni uno más,

a la sierra de Miedes ellos fueron a acampar.

Hace casi mil años Miedes de Atienza ya existía y el guerrero más famoso de la península pasó por allí saliendo de Castilla y allí mismo acampó, cumpliendo el destierro que le impuso Alfonso VI. Antes habían asentado allí pobladores del neolítico superior, arévacos, celtas, romanos y árabes.

Miedes desde el castillo

Miedes desde el castillo

Novecientos cuarenta y cinco años después de aquella famosa acampada en la Sierra Pela, sierra del Bulejo,  el pueblo de Miedes (¿de Atienza, de Pela, Miedes y punto?) rememoró el paso del Cid por su pueblo y congregó a todos sus habitantes, ataviados a la antigua usanza, para presumir de cidianos, castellanos y de su condición de condado.

Es encomiable ver cómo, un pueblo con un censo de 60 habitantes, más de un centenar de personas se visten al estilo medieval, llenan la plaza de motivos medievales y cidianos y completan un día a base de espectáculo, rememoranzas, música, tradición y orgullo de su tierra, de su pasado y de su historia. Lástima que los tiempos que corren no favorezcan el asentamiento de nueva población y una explotación más amplia de sus riquezas, agrícolas y ganaderas, donde, además la profusión de antiguas casonas y palacios hacían de Miedes un enclave privilegiado en el paso castellano (ruta del Cid, ruta de la lana) entre Gormaz y Atienza. Y lástima también que una conjunción de factores (atmosféricos, políticos, administrativos… ) hiciera cundir el pánico entre sus habitantes, lanzados al campo al unísono para defender su tierra del fuego, abandonada, en su opinión, por parte de los responsables de la extinción. En recuerdo y agradecimiento a cuantos colaboraron en la extinción del incendio se descubrió ese misma mañana una placa en la puerta del ayuntamiento.

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Las II Jornadas Cidianas comenzaban con los sones de música medieval, con el saludo de la activa alcaldesa, Celia Pérez del Olmo y del presidente de la Asociación Oscar Ponce Jimeno, (alma y cronista del pueblo y de la fiesta), con el pregón a cargo de Valentín Pérez y el merecido homenaje a toda la familia de dulzaineros e investigadores de la música de nuestra tierra. Sus publicaciones y el Premio Europeo de Folklore Agapito Marazuela son sólo una muestra de lo conseguido por la familia Pérez Pezuela. Durante todo el día sonaron sus dulzainas y tamboriles (Juanjo Molina) por la plaza, acompañados por “Los de siempre “ (Javier Merino, gente buena de Ayllón).

La amplia y soleada (a ratos) plaza junto al palacio de los Beladiez Trujillo se llenó de espacios dedicados a oficios tradicionales: forja (el maestro Ángel de Diego), a la elaboración de piezas de esparto (Asociación de Tórtola de Henares), cotas de malla (Stefano Matzzoleti), tiro con arco (Martín Almagro) y profusión de puestos de libros medievales, bisutería, perfumes, miel, madera tallada, etc. Sin faltar el espacio de yantar para el refrigerio de músicos, damas y caballeros, cortesanos y visitantes.

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Doña Jimena (Nora Rodríguez) nos hizo ponernos en la piel (casi de gallina) de la mujer de Rodrigo Díaz, teniendo que ser abandonada por el destierro que sufrió su marido y soportando la afrenta de sus hijas Cristina y María (que no Elvira y Sol) por los condes de Carrión. Y después, acompañándole a Valencia, sobrellevando su muerte, defendiendo en soledad la ciudad conquistada y acompañando su cuerpo hasta sus raíces en Castilla. Su mensaje “detrás de todo héroe hay siempre una heroína” es, con frecuencia, de plena actualidad.

Y Los Medicid también regresaron  a Miedes, diez años después del inicio de su Camino del Medi-Cid. Hablaron de su libro, pero sobre todo de su experiencia cicloturista y musical por los casi 2000 km que recorrieron con sus bicis y sus dulzainas.  El salón lleno, el libro proporcionado por la Diputación Provincial, agotado, y la acogida, fenomenal. Y la visita del Director gerente del Consorcio del Camino del Cid (Fernando Castaño) que se desplazó desde Burgos para asistir a los actos y a la crónica de los Medicid.

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La noche trascurrió a la luz de las velas en una magnífica recreación del paso del Cid por Miedes, (a cargo de Stefano, Félix, Oscar y Vicente) desde la iglesia parroquial de la Natividad de Nuestra Señora, pasando junto al castillo, hasta la plaza mayor, donde también asientan los restos de una antigua picota convertida en fuente. El trotar de los caballos por las calles resonaba junto a los sones de las chirimías y atabales y la luz de las antorchas portadas por el cortejo medieval.

Recreación

“Humo Negro” puso el fin a la jornada en un espectáculo de luces fantasmagóricas, antorchas, danza y juegos de fuego en la penumbra de la plaza mayor. Y todo el pueblo, todavía ataviado, disfrutaba del embrujo de la noche junto a las tapias del antiguo frontón trasladado de sitio, deseando que llegue, de nuevo, el encanto de los fechas navideñas, la fiesta de los Ojojós, las celebraciones del verano, los disfraces… Porque el resto del año apenas una treintena de personas ven pasar el tiempo en esta tierra que fue rica y poblada, con más de 600 habitantes en su mayor esplendor.

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