Carta del Pueblo, nº 6, marzo de 1980 (J. F. Benito)

Contiene este número un par de escritos de cierto calado referidos a la conveniencia (y necesidad) de los trabajos en común, la propuesta de constitución de una Comunidad de Regantes y ¡cómo no! , a las partes de terreno, sobre las que Emilio Robledo refiere las distintas intentonas de igualarlas o gestionarlas de manera justa y razonable.

Memorias de un cazador, El juego de bolos y La hora del relevo, son las aportaciones de J. M. Alonso, Bernardo Gordo y S. Alonso  a este número, que se completa con noticias, pasatiempos y un curioso resumen de lo que fueron los acuerdos para fijar las tarifas por acometida y consumo de agua potable.

Por sentimentalismo quizás, o por un cierto valor histórico, reproducimos aquí la página cinco de este número:

TEJEDORES DE VALVERDE

Más que un oficio fue una raza. Tradición valverdeña como la Danza o los Autos, perdida hoy por obra del tiempo y gracia de los hombres.

De familia de tejedores vengo , como tantos de vosotros y, como tantos de vosotros no llegué a ver un telar de paño montado, ni batanar, ni urdir ….. Tiempo hace ya que tuve la idea de montar una exposición con los mejores ejemplares de esta artesanía del pueblo, justo tras la muerte del último de nuestros tejedores, de manera que fuera como un homenaje a su memoria. No pude llevar a cabo la idea, aunque me quedó de por entonces una poesía dedicada a Leocadio. Aquí la dejo en recuerdo de él y de cuantos tejedores fueron.

En Madrid, asilo y hospital de nuestros pueblos murieron, no hace tanto, un hombre y un oficio valverdeños: Leocadio Martín, tejedor.

Les dieron tierra a la vez a su oficio y a su cuerpo
en un hoyo numerado de Madrid. Juntos murieron
telar y manos, libro y maestro,
en perfecta comunión y abrazo eterno.

Sentí la muerte del hombre, porque lo tuve por bueno,
y la muerte del oficio, porque era oficio del pueblo;
tradición y hombre perdidos por una muerte a destiempo.

¡Pobre batán! ¡Pobre arroyo sin trabajo!
¡Pobre telar sin inviernos!
Se perdieron varios siglos en el preciso momento
de expirar el tejedor, de echar el último aliento.

Descanse en paz Leocadio y nosotros trabajemos
por desenterrar su obra y buscar en los cimientos
la llave que el artesano recogió de sus abuelos.

Esa llave puede abrir la puerta que cerró el tiempo,
y lanzaderas y manos se pondrán en movimiento
como un saludo a la vida que se les abre de nuevo. 

                                                            Josefer

Lee aquí todo el número 6 de nuestra Carta del Pueblo: https://valverdedeocejon.com/wp-content/uploads/2023/03/Carta-6.pdf

P.S. – Afortunadamente, años después de escribir esto, se llevó a cabo una exposición en la escuela, con una completa muestra de tejidos y útiles, incluido, en parte, el telar de lana del tío Leocadio. La galería fotográfica adjunta deja testimonio de ella y completa el homenaje a aquellos tejedores y a aquellas hilanderas.

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