LA GAITA DE VALVERDE DE LOS ARROYOS (José Antonio Alonso Ramos)

Cuando recibí la invitación de José Mª. Alonso para colaborar en éste su blog, me puse a pensar sobre el tema que podría tratar aportando algo que pudiera ser interesante para sus lectores. Hace décadas que los propios valverdeños se han encargado de investigar su patrimonio y de trabajar, de forma continua, por su documentación y su conservación. No descubro nada, si digo que si hubiera que pensar en una localidad ejemplar en este sentido, Valverde estaría en las primeras posiciones. Valverde ha sido y sigue siendo ese faro-guía que nos alumbra y de donde hemos aprendido y tomado ejemplo muchos serranos y guadalajareños en general. No digo esto para “hacer la rosca a nadie”, que también las valverdeñas las hacen muy ricas – me refiero ahora a las blancas rosquillas que cuelgan en el ramo del “día de la función”. Lo digo porque a estas alturas, es difícil hablar de un tema del folklore de Valverde que no esté ya tratado convenientemente por los Alonso, Benito, Robledo y el resto de los escritores de la localidad. Por si esto fuera poco, otros muchos escritores foráneos han puesto su mirada en Valverde y han escrito mucho y bien sobre su historia, costumbres, paisajes y arquitectura. Busquen si no en la bibliografía de los Herrera, Marco, Nieto, etc. y se encontrarán con buenos ejemplos de lo que digo.

Así es que, ante el reto que se me plantea, he pensado en dar una vuelta de tuerca más al tema de la gaita de la danza, consciente, eso sí, de que todo o casi todo está tratado ya acerca de este emblemático instrumento. (Imagen de cabecera: gaita de Valverde, anverso).

Para empezar, tengo que decir que hablar de la gaita de Valverde es hablar de un instrumento único. Es cierto que en la Península existen muchos instrumentos de la familia de las “gaitas de tres agujeros”: el txistu vasco, la gaita charra, el flabiol catalán, la gaita rociera o la chifla leonesa, por citar algunos ejemplos. Contrariamente a lo que se pudiera pensar, lo que tienen en común no es que tengan todas el mismo número de agujeros, ya que algunas como el flabiol pueden llevar más orificios para las notas. Lo que tienen en común es que se tocan con una sola mano, reservándose la otra para tocar el tambor. Muchos de esos instrumentos son muy similares entre sí.(fig. 1) Gregorio Mata, tocando en la danza de Valverde, 1988.

Foto: José Aº. Alonso

La valverdeña se diferencia de la mayor parte de ellas en el material de que está fabricada -hierro, casi exclusivamente, salvo la madera interior de la embocadura-, en la mayor longitud del tubo sonoro y en otros pormenores en los que no entraremos, al menos de momento. También el tambor valverdeño es de gran tamaño y se cuelga cruzado del hombro a la cintura y no del brazo del gaitero, como suele ocurrir en la mayor parte de los casos. Otra cuestión que llama la atención de la gaita valverdeña es lo rústico de su aspecto, tan diferente de la cuidada elaboración artesana de las gaitas charras y de otras fabricadas ya con métodos industriales y que muestran un acabado perfecto.

Otro aspecto distintivo de la gaita que tratamos es que existe un único ejemplar, aunque ya conocemos algunos intentos de fabricación  de réplicas por parte de algunos artesanos de nuestra provincia.

Si buscamos el origen de este tipo de flautas tendríamos que remontarnos a la Prehistoria, donde ya podríamos encontrar ejemplares muy primitivos, aunque tampoco es cuestión de bucear, aquí, tan en el fondo. Sí sabemos que fue un instrumento muy popular en la Edad Media. Una representación de músicos similares a la de nuestros gaiteros valverdeños la encontramos ya en las miniaturas que acompañan a las cantigas de Alfonso X, concretamente en la nº 370, que representa a dos músicos que tañen sendas flautas, acompañados por sus correspondientes tambores, que llevan colgados.

(fig. 2) Gaiteros. Cantiga 370. R. Biblioteca del Mº. de El Escorial. Patrimonio Nacional

Estaríamos hablando de la segunda mitad del s. XIII, en una fecha que podría coincidir con la primera imagen conservada en el territorio de nuestra actual provincia: se trata de las pinturas conservadas en una viga de la iglesia de Valdeavellano, en la que aparecen varios músicos, entre los que se encuentra un gaitero que toca con la mano izquierda una flauta, mientras que, con la diestra, tañe un pequeño tamborcillo que lleva adosado a la altura del codo izquierdo.

 

 

(fig. 3) Escena de Valdeavellano.

Músico con gaita y tambor.

Dibujo de Víctor Martínez

(Fax Media)

 

La siguiente documentación, que citaremos, también procedente de nuestra tierra, está tomada de una obra literaria: se trata de unos versos de nuestro Arcipreste de Hita que, en  el verso nº 1230, de su “Libro de Buen Amor” cita:

“Medio canon y arpa con el rabel morisco;

entre ellos da alegría el galipe francisco;

la flauta suena con ellos, más alta que un risco,

con ella el tamborete: sin él no vale un prisco”.

Nuestro Juan Ruiz, además de ser arcipreste de Hita, era también un buen músico y nos ha dejado, entre otras, esta interesante referencia que sitúa a la gaita junto al “tamborete”, posiblemente un tambor de pequeño tamaño, según la expresión,  y que podría responder a la representación del gaitero de Valdeavellano, que traemos ahora a colación, aunque las noticias de Hita pertenecen ya al s. XIV.

Posteriormente, durante siglos,  en  las fiestas populares, aparece documentación relativa a los músicos que acompañan a los danzantes y a las fiestas en general. Tanto en Castilla y León, donde recogió datos Carlos Porro, como por nuestra tierra, aparece frecuentemente nombrado el músico en singular, lo que podría ser indicativo de que no serían dos o más músicos, sino uno solo el que amenizaba las fiestas, tocando a la vez la gaita y el tambor. A partir del siglo XIX, suele cambiar el dato y ya aparecen diferenciados el gaitero y el tamborilero. La dulzaina se habría acabado imponiendo en la mayor parte de las localidades.

 

A la izquierda Hilario Benito, el “tío gaita”, primer gaitero conocido de Valverde. Detalle de la fotografía del lado derecho tomada hacia 1925-1930, de autor desconocido.

(Colección de la familia Gordo-Martín)

 

En  el caso de Valverde, tal y como dice José María Alonso “lo que sí parece cierto es que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, el gaitero procedía del pueblo de Noviales“. (Alonso Gordo, “Las Danzas de la Octava…”, p. 253). Estaríamos hablando de un músico en particular, al que, según cuentan, le “distrajeron” la flauta. Pero sabemos también, según se afirma en el “Cancionero popular serrano” (Benito y Robledo, 1ª edic., p. 207), de la localidad,  que “la flauta de la actualidad, un tubo de hierro con cuatro agujeros, es copia de la original. que nosotros tuvimos ocasión de ver, por supuesto, oxidada y casi irreconocible“. Los gaiteros de Noviales acompañaron muchas veces a la danza de Galve y, según parece, también a las de Valverde, hasta que los gaiteros locales  empezaron a funcionar de forma autónoma. La cuestión es porqué los de Noviales tocaban en Galve con la formación gaitero más tamborilero y en Valverde lo hacían con un sólo músico que tocaba a la vez los dos instrumentos. Pues, seguramente, porque en Valverde había ya una tradición en este sentido, lo cual viene avalado por las características musicales de la melodía que ha llegado hasta nosotros, como el propio Alonso Gordo también ha apuntado.

En resumen estamos ante un instrumento fósil único, un vestigio de un tipo que, seguramente estuvo, antaño, muy extendido en la provincia y del que hoy no quedan otras pervivencias por estos lares,  aunque sí en la mayor parte de la Península y fuera de ella; un elemento más del ya valiosísimo patrimonio de la danza valverdeña.

PD. Una descripción de la fiesta de la Octava del Corpus, y de la Cofradía  del Santísimo, de mano de Emilio Robledo y del propio titular del blog se puede ver en el libro “Danzas de la Octava del Corpus de Valverde de los Arroyos” y en el siguiente enlace

https://valverdedeocejon.com/wp-content/uploads/2023/11/Cuadernos-Octava-Y-Cofradia.pdf

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