Los lobos también lloran (Por Rocío Ruiz)

El 20 de Marzo se celebra el Día Internacional de la Narración Oral y el 14 de marzo de 1980 fallecía Félix Rodríguez de la Fuente. Nosotros lo recordamos a modo de Cuentacuentos, con este relato que nos envía nuestra colaboradora serrana afincada en Portugal y unas fotos de otro serrano, Gregorio Cerezo.

A los pies del Alto Rey, en Albendiego, se han congregado este mes, vecinos, naturalistas y biólogos entre otros, para generar un debate sobre la conservación del Lobo Ibérico, convocados por un experto en la materia, para ver de qué manera la ciencia ciudadana puede ayudar a ello.

 

La charla discurría amigablemente, de manera desenfadada. Fuera hacía mucho frío en este gélido mes de enero; así pues, unos se arremolinaban junto al fuego de la chimenea, mientras otros se calentaban tomando unos vinos en la barra del bar.

Mientras el ambiéntologo explicaba cómo se encuentra la situación actual de esta especie en la Sierra Norte, unos inesperados gritos retumbaron en la improvisada sala de reuniones:

¡Que viene el lobo! gritó el pastor. Al ver que nadie le hacía caso, alzó más su voz: ¡Que viene el lobo ! repitió, pero nadie le creía; ya eran muchas veces las que había engañado a sus paisanos.

Pedro, deja de burlarte de nosotros, sabes de sobra que nadie te va a creer. ¡No es la primera vez que mientes, no interrumpas, por favor!

Pedrito, su hijo, echó el cerrojo de la puerta del bar por si las moscas. Continuó la amena charla, cuando de repente por la chimenea asomó una grande y maciza cabeza cuyos amarillentos ojos oblicuos eclipsaron, con su penetrante y misteriosa mirada, a los presentes. A continuación salió, a duras penas, el resto del cuerpo, haciendo malabares para no chamuscarse el rabo. Los presentes, tras unos segundos de aturdimiento, viendo las orejas al lobo no se atrevían ni a respirar.

Mostrando sus afilados colmillos, el intruso rompió el silencio: –No está bien que habléis de mí a mis espaldas, siendo precisamente el protagonista en cuestión de esta reunión. Lo menos que podíais hacer es que me hubieseis invitado a este debate que tanto me concierne.

Con la boca abierta y los ojos como platos, lo miraban entre el miedo unos, y la fascinación otros. El biólogo no daba crédito a la visión, tantas veces deseada por él. No perdió la ocasión para acercarse a examinarlo cuando reparó que el hocico presentaba unas manchas blancas en los belfos. Tanto se arrimó que alguien le advirtió: –Arrimarse a la boca del lobo es cosa de bobos.

En ese mismo instante el lobo posó sus patas delanteras sobre la barra, cuyas franjas longitudinales de color negro no dejaban dudas de su identidad.  Viendo que se trataba del auténtico Lobo Ibérico, los defensores se esforzaron por hacerle un hueco entre ellos. Los ganaderos y algunos vecinos del pueblo echaron unos pasos hacia atrás, mientras que Pedrito se escondía, con las piernas temblando, detrás del reloj de pared.

Dando un golpe con la pezuña que retumbaron hasta los vasos, se quejó: -!Estoy harto!, harto de ser el malo del cuento, de que los niños me teman como a un feroz enemigo– mirando de reojo al niño que se creía invisible.- Estoy harto de que me persiga esta leyenda negra. Claro que la culpa de todo esto la tiene un tal Charles Perrault, que nos ha hecho mucho daño con su desbordada imaginación, inventando el cuento de Caperucita. Y no son menos culpables los hermanos Grimm por difundirlo, aumentando además, con otros cuentos nuestra mala fama.

Se escucharon carraspeos y cuchicheos en la sala: –Dejadle continuar– les dijo el moderador de la charla.

Que conste que yo solo quería acompañar a la niña para que no se perdiera en el bosque, que no le puse ni un dedo encima y mucho menos a su abuela. Sin embargo el cazador me atacó, sin ningún motivo, disparando contra mí. No hay justicia, no pude defenderme. Claro que él siempre se queda de rositas y yo me como el marrón en todas las narraciones.

Pedro se atrevió a interrumpirle: –¿Y qué nos dices de los cabritillos, eso tampoco es cierto?

– Te recuerdo que no eres tú el más adecuado para hablar de lo que es verdad y mentira. El aludido bajó la mirada hacia el suelo mientras sus mejillas se encendían, deseando que la tierra se lo tragase.

-Exageraciones, eso es lo que son. Que no fueron siete, solo me comí al más débil. Además me lo sacaron ileso, que no vengan ahora con cuentos.

Con los ojos vidriados mostró su tripa a los presentes: -Nadie sabe las pesadillas que tengo desde entonces. Mirad mi cicatriz. Me rajaron de arriba a abajo, me metieron piedras y me cosieron, todo en carne viva. Todavía me despierto por las noches, envuelto en sudor, con la agonía de caer al abismo de un pozo sin fondo. Este trauma ya no me lo quita nadie.

El biólogo se acercó a él para abrazarle y darle consuelo, mientras al oído le susurró el ganadero: -El que se fía de un lobo entre sus dientes muere.

El moderador pidió silencio: -Ya está bien, así no vamos a ninguna parte. O cambiamos todos la mentalidad, o todo seguirá igual. Tenemos que buscar soluciones con otra mirada más actual y dejarnos de arcaicos refranes, añadiendo: –El lobo será siempre malo si solo escuchamos a Caperucita…

Ante tan sabia reflexión hubo un silencio sepulcral en el que solo se escuchaba el crepitar de los leños.

-Solo quiero que me quitéis este sambenito que me han colgado desde tiempos inmemoriales. Una y mil veces me pregunto por qué se ceban con nosotros en los cuentos mientras que el oso, por ejemplo, puede matar de un abrazo, y no hay niño que no tenga uno de peluche en su cama. ¿Por qué el fiero león, es el rey y los niños le adoran?…claro que unos cardan la lana y otros se llevan la fama.

El ganadero que lo que quería era soluciones, tras un trago de cerveza, exclamó: -Dejaos ya de cuentos y vayamos al grano, que el fuego y la cerveza se están agotando y todavía no hemos llegado a ninguna conclusión. No os fieis de él, que de visita hasta los lobos parecen corderos.

Pero este hizo oídos sordos y prosiguió con sus quejas: – ¿Por qué no se cuentan y ensalzan nuestras virtudes?

Desde el fondo de la sala alguien vociferó: –Todavía no he visto un lobo o una loba que hayan hecho algo bueno.

Le replicó: -Deberías leer más, pues veo que desconoces la historia de mi antepasada prima Luperca.

Se escucharon risitas -¿Alguien de vosotros sabe quién era?

Nadie levantó la mano.

-Las risas solo demuestran vuestra ignorancia, ¿y alguien conoce Roma?

Muchas manos se elevaron.

-Pues fue gracias a ella, a Luperca, la loba Capitolina, que se fundó esta bella ciudad. Ella amantó a los abandonados gemelos Rómulo y Remo, sus fundadores. Pero eso no interesa ¿verdad?, pues esto es cultura.

-Es pura mitología. le replicó el vecino más resabio.

El lobo ofendido dando un zarpazo gritó -¡Y lo de Caperucita un puro cuento!

-Vamos a dejarnos de cuentos, pasar página e ir al grano, dijo el portavoz de la E.F.A.-Aquí en el Parque de la Sierra Norte vives en semi-libertad, protegido de los cazadores. No puedes quejarte.

-Yo estoy inmensamente agradecido a este Parque, pero no es suficiente, pues hay otras manadas, al norte del río Duero, llegando incluso hasta Portugal, que no corren la misma suerte, donde son perseguidos y los matan sin piedad.

Un voluntario del Censo Nacional del lobo Ibérico le interrumpió: -Solo es para controlar su desmedido crecimiento.

-Que se dejen de cuentos, cuando vivía Félix Rodríguez de La Fuente, todo era diferente. Mucho le debemos, él era nuestro gran amigo y defensor, pero ya no está entre nosotros. De no haber sido por él nos hubiésemos extinguido de la península.
Al recordarle una lágrima furtiva se deslizó por sus fauces y levantando la cabeza, mirando a la luna desde la ventana, un aullido lastimero lanzó al viento, demostrando a los presentes que los lobos también lloran.

Somos todo oído. Expón tus razones para ver de qué manera podemos coexistir en paz -dijo el ganadero temeroso que atacara a sus ganados- ¿Cómo nos podemos defender para que no te acerques a nuestros terneros?

-Ya lo estáis haciendo. Mira, le dijo mostrando sus melladas mandíbulas, tengo las heridas todavía de la carlanca de vuestros mastines. Los puntiagudos hierros se me clavaron hasta el garganchón, puedes estar tranquilo que no pienso acercarme a ellos, por no hablar de las alambradas que tenéis que por poco me quedo electrocutado. Acaso no te parecen suficientes medidas para ahuyentarnos?

Depositando un extenso papel sobre la barra dijo: –Traigo un manifiesto. No tocaré una vaca, ni un cordero y mucho menos una cabra, que ya salí escarmentado con los cabritos. No soy ni la mitad de culpable de todos los males que se me achacan. Soy consciente que existe desde tiempos inmemoriales un gran conflicto entre los de mi especie y vosotros, pero tenéis que comprender que solo tratamos de sobrevivir como todos los seres de la naturaleza. Yo no ataco si no tengo hambre.

Un vecino, temeroso por lo que acababa de escuchar le ofreció jamón y mojama que todavía quedaba algo en los platos, pero el lobo al olerla le dijo: –Está demasiado pasada, me gusta más cruda.

Y continuó:-¿Pero no os dais cuenta que somos un eslabón clave en el equilibrio de la cadena de la naturaleza salvaje y que si se quiebra uno, se rompe toda ella?

-Claro que lo sabemos, dijo un representante de la EFA – por eso estamos aquí, enseñando y dando formación, concienciando a la gente desde estas iniciativas como la de hoy.

-Pues alguno de tus paisanos todavía no se ha enterado que hacemos una labor benéfica controlando la población de corzos y jabalíes, que solo os traerían enfermedades. Además no como a cualquiera, solo a los más débiles, los que están enfermos o heridos, alimañas., y hasta damos buena cuenta de la carroña.

-Nosotros desde nuestra Asociación -dijo un voluntario- os defendemos, estamos convencidos que podemos coexistir.

Lo sé, lo sé…pero no es suficiente. Os preguntáis cómo podéis contribuir a conservar mi especie. Pues empecemos con verdades y dejémonos de cuentos. Ese es el primer paso.

-Danos un ejemplo

-¿Por qué no hacéis programas en la Televisión, como el “Hombre y la tierra”, por ejemplo?. Desde que Félix nos dejó, no ha habido nada ni siquiera parecido. Todavía resuena en mi cabeza los timbales de la música anunciando nuestra presencia, en la pequeña pantalla. Gracias a sus programas demostró cómo podíamos ser amigos -y con nostalgia lanzó otro aullido-.

Dejando un extenso rol sobre la barra del bar, penetrando su mirada al ambientólogo, le dijo:-Ahora solo tienes que difundirlo por las redes sociales, que llegue a todos los rincones y se proclame a los cuatro vientos que el hombre y el lobo pueden vivir en paz y en armonía como hace miles de años.

-Te pido que pongas tu señal para darle más autenticidad, si no, nadie nos creerá.

Plasmó su pezuña sobre el papel, añadiendo: Canis Lupus Signatus.

La sesión se dio por finalizada, tomando buena nota de todo lo expuesto.

El pequeño por fin, viéndose libre de peligro, salió del escondite abrazando a su padre, pero éste le susurró: –No deberíamos fiarnos de él, no es más que un lobo con piel de oveja. Decía tu abuela, que quien se fía de un lobo ente sus dientes muere.

En el Alto del Rey, más bella, si cabe, que la celebérrima escena de cine “Dances with Wolves”, bajo la luz de la luna, divisaron una hoguera y alrededor, los organizadores de la charla emulando a Kevin Costner danzaban con los lobos.

El padre, todavía reticente, afirmó: Quien con lobos anda a aullar aprende.

-Te equivocas papá. A mí lo que me parece es que el lobo es menos animal de lo que piensas y más humano de lo que creemos.

Rocío Ruiz

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2 Respuestas

  1. Maria Cruz Ruiz dice:

    Un relato entrañable y ameno…se lee muy bien.. Le mezcla de lo real con lo imaginario lo hace creíble hasta el punto de pensar que con buena voluntad y saber hacer por nuestra parte se puede ayudar a mantener la especie..
    Enhorabuena para la escritora que en este caso es mi hermana…

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