Juan de Dios Blas Martín, su familia, la ermita de la Soledad y la iglesia parroquial de Almiruete (Por Tomás Gismera Velasco)

Nombres y letras unidos a Almiruete y el Ocejón.

 Si una familia cabe ser destacada dentro de la población de Almiruete, y en parte de las tierras del Ocejón, sin duda es la que seguirá a quien ha de formar la saga de los “Blas Martín”, cuyo titular, a los efectos que nos referimos, desde la mitad del siglo XIX hasta bien avanzado el XX, estará protagonizada por don Juan de Dios Blas y Martín; su hijo don Macario Blas Manada y su nieto, don Luis Blas Álvarez.   Juan de Dios Blas Martín tendrá una singular manera de llegar a ser conocido más allá de los límites de Almiruete, su localidad natal, y en donde ejerció como Secretario municipal y judicial a partir de 1860.  La popularidad se la dará un suceso intrascendente para este tiempo, ya que resulta mucho más habitual de lo que nos pudiera parecer, un robo de objeto sagrados, con ánimo de utilizar la plata o metales preciosos que contienen.

El suceso será más ampliamente tratado por el propio Juan de Dios Blas, en uno de sus libros (Pensamientos Sociales; Madrid, 1911), ya que a partir de aquí le surgirá la vena literaria. El suceso tiene lugar el 25 de octubre de 1868:

“Al momento que tuve la noticia del robo me presenté al Párroco, el cual me había bautizado y casado, ofreciéndome a trabajar hasta conseguir el autor o autores del robo, y después me personé en la iglesia, donde estaba el sacristán, que había sido mi maestro de primeras letras; se hallaba afligido, confuso, aturdido y lleno de zozobra porque una de las puertas de la parroquia había aparecido abierta de par en par y sin fractura alguna, y parte del pueblo le acusaba de ser el autor del robo…”

Y don Juan de Dios Blas Martín prometió a su pueblo que no dormiría hasta encontrar al autor del robo. Que lo halló. De una manera un poco inusual, puesto que fue interrogando a cuantos rondaron la iglesia el día de los hechos y ¡salió el autor confeso de la fechoría!

Quien, tanto remordimiento le entró que, antes de ser llevado al cuartel de Tamajón, y tras entregar el botín, escapó de Almiruete y se quitó la vida.

Juan de Dios Blas Martín

No está muy clara la fecha de su nacimiento, pues mientras por algunas partes se habla de 1835, por otras se le añaden diez años más a su vida, situándolo en 1825. De cualquier manera, comenzó a destacar mediada la década de 1860, cuando accedió al cargo de secretario municipal, al tiempo que comenzó a introducirse en el mundo literario a raíz del suceso reseñado. Por ensanchar fronteras y mejorar de estado y fortuna tomó el camino de Madrid dejando atrás los cargos de responsabilidad en el municipio, para ponerse a trabajar de dependiente en un comercio de ropa. Un bazar conocido en aquel Madrid entonces pueblerino, el de San Antonio, en la calle de la Corredera Baja, que no tardaría nuestro protagonista en regentar, haciéndose con el traspaso del local y ampliando el negocio a toda clase de vestimentas, telas y objetos para la casa.

Al tiempo que regentaba su comercio se dedicó a publicar numerosos poemas, y lo que él definió como pensamientos, en la prensa. Del mismo modo que pensamientos y pasquines regalaba a sus clientes, en los que daba a conocer sus poemas morales. Siendo de alguna manera tomado a chanza por los ilustres periodistas y escritores de su tiempo, que decían de él: … puede decirse, como dijo Zorrilla y con mayor razón, que brotó al borde de la tumba de un malvado. Inescrutables misterios de la providencia, que saca un poeta de un crimen, y otras veces permite que suceda lo contrario. Haciendo memoria del modo que nuestro personaje llegó al mundo literario.

La buena marcha del Bazar de San Antonio de la calle de la Corredera le permitió abrir un segundo y más amplio local, el Bazar de La Latina, en la calle del Humilladero que, si hacemos caso a las crónicas de su tiempo, le hizo rico, o al menos le generó importantes ingresos que le permitieron una vida desahogada, así como la posibilidad de dar estudios universitarios a su único hijo, Macario Blas, dedicando parte de su fortuna a la  edición de sus obras en verso, así como de algún que otro libro de cuentos. El más famoso sus “Cuentos de Viejo”.

Llegó a escribir y publicar más de 1.500 poemas distribuidos entre su clientela y dados a conocer a través de la prensa que, a finales del siglo XIX, cuando la salud le comenzaba a faltar, reconocía su ingente labor. Junto a sus poemas editó sus exhortaciones, al Gobierno del reino y al Ayuntamiento de Madrid, al que se permitió aconsejar la manera de cómo convertir la capital del reino en una ciudad industriosa.

Al fallecimiento de su esposa, en 1897, fue cuando ideó la manera de que el pueblo la recordase y su memoria se mantuviese a través del tiempo. Fue cuando imaginó que reconstruyendo una de las ermitas de su pueblo, la de la Soledad, todos los vecinos los harían. Ya que comenzaba a ser un conjunto informe de ruinas tras el desplome del tejado. Sin que el municipio tuviese medios de llevar a cabo unas obras imposibles.

En 1918 dio a la imprenta un folletito al que puso el título de “La antigüedad de la fiesta del día 8 de Mayo a la Virgen de los Enebrales, por el pueblo de Almiruete”; y costeó las fiestas de aquel año que tuvieron lugar, en honor de la patrona, en Tamajón.

Poco antes de fallecer dio a la imprenta lo que sería su último trabajo “Herencia que va a dejar esta guerra a la Europa y al Mundo entero”, editado con ocasión del final de la Primera Guerra Mundial, ya que corría el año de 1918.

Murió en Madrid, el 28 de julio de 1919. La prensa se hizo eco de su fallecimiento:

“Juan de Dios Blas. Otro amigo que desaparece, después de haber consagrado su larga vida a un trabajo honrado y constante, merced al que consiguió reunir una fortuna que unida a su nombre honorable lega a su desconsolado hijo. A más de un comerciante inteligentísimo, versificaba con gran facilidad y no pocos trabajos suyos vieron la luz en las columnas de los periódicos.”

También por los periódicos provinciales quedaron su firma, pensamientos y cuentos; así como sus libros son, al día de hoy, pequeños tesoros que nos hablan de un tiempo pasado en el que en nuestros pueblos, a pesar de su aparente insignificancia, había mucha vida. Aquí se puede leer uno de sus relatos:https://valverdedeocejon.com/wp-content/uploads/2023/12/cuento-del-frances.jpg

Macario Blas Manada

Hijo único del matrimonio compuesto por Juan de Dios Blas y su mujer, Claudio Manada Vera, fue Macario Blas, nacido como sus padres en Almiruete, en 1863, marchando a Madrid junto a sus padres cuando aquellos dejaron la población. Si en Almiruete llevó a cabo sus primeros estudios, en Madrid los continuó en el Instituto San Isidro, de donde pasó a la Universidad Central para doctorarse primeramente en Derecho y después en Farmacia, especialidad en la que igualmente fue Doctor, titulando el trabajo que le dio acceso al doctorado: “Los alcaloides de las solaneas”. Dejó a un lado la especialidad de derecho para desempeñar el oficio de farmacéutico a lo largo de su vida profesional. Oficio en el que destacó dentro de vida social madrileña; siendo un firme defensor de la profesión, e integrándose en la Junta Directiva del Colegio de Farmacéuticos. Fue inspector de servicios de Sanidad, fundador y propietario de la revista periódica “El Monitor de la Farmacia”; así como miembro de honor de la Societè de Pharmacie d’Anvers. Contrajo matrimonio en Madrid con María del Amparo Álvarez Redondo, matrimonio del que nacerían cuatro hijos: María de la Concepción; Fernando, Antonio y Luis.

Falleció en Madrid en 1941, no sin antes dejar una extensa obra literaria, en su mayor parte relacionada con el mundo médico y farmacéutico.

Luis Blas Álvarez

De los hijos habidos en el matrimonio compuesto por Macario Blas y María del Amparo Álvarez nacería Luis Blas, quien sería el más conocido de los cuatro hijos habidos en el matrimonio, siendo por tanto nieto de Juan de Dios Blas. Llegó al mundo en Madrid, el 12 de junio de 1906, a pesar de que, al igual que sus padres y abuelo estuvo íntimamente ligado al lugar de nacimiento de aquellos, Almiruete. Su extensa biografía se extracta en las siguientes líneas (Tomadas de Antonio González Bueno, Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia:

Obtuvo el grado de bachiller en el instituto madrileño Cardenal Cisneros; simultaneando los estudios de Ciencias Químicas y Farmacia en la Universidad de Madrid y en ambas se licenció en 1927; continuó el doctorado en Ciencias Químicas, que alcanzó, en 1928 (7 de noviembre), con premio extraordinario. Desde el mes de diciembre de 1927 ocupó plaza de profesor auxiliar de la Facultad de Ciencias Químicas, en la Universidad de Madrid, donde se le asignó la enseñanza de Química General; permaneciendo en este cargo hasta que, en 1935, se le nombró profesor encargado de la cátedra de Química Técnica en esta misma Facultad. Compaginando las enseñanzas en la Facultad de Ciencias con las impartidas en la Escuela de Veterinaria de Madrid; en 1931 (6 de noviembre) obtiene, en interinidad, la cátedra de Química de esta escuela, en la que permaneció hasta 1936. Durante los años 1934 y 1935 impartió cursos sobre Química de Guerra en la Academia de Artillería de Segovia y en la Academia de Infantería de Toledo; durante la Guerra Civil desempeñó comisiones de experto asesor químico para el ejército franquista, tanto en la zona sometida como fuera del territorio nacional; estos trabajos le fueron reconocidos con el nombramiento de capitán honorario de Artillería.

Tras la guerra continuó ejerciendo como profesor encargado de la cátedra de Química Técnica en la Universidad de Madrid, cargo que concilió con el de ayudante de la sección de Química Orgánica del Instituto Alonso Barba (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC). En 1940 accedió, por oposición, a la cátedra de Química Técnica de la Facultad de Ciencias, en la Universidad de Salamanca; de ella quedó excedente en 1943, para desarrollar tareas de asesoría técnica sobre construcciones navales, al servicio del Ministerio de Marina; sus trabajos se vieron recompensados con la Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco. En 1940 (4 de diciembre) obtuvo el grado de doctor en Farmacia, tras la defensa de una tesis sobre la síntesis industrial de compuestos arsénicos. Desde 1941 se ocupó, tras el fallecimiento de su padre, de dirigir El Monitor de la Farmacia y de la Terapéutica; le cupo la labor de reanudar su edición, suspendida durante la Guerra Civil. Realizó, tanto desde las páginas de El Monitor como de otras revistas profesionales, una activa labor de difusión, centrada en el entorno de la química industrial; también se deben a su pluma algunas aportaciones, de carácter divulgativo, sobre la Historia de la Farmacia. Fue un excelente filatélico, experto en falsificaciones.

Ingresó en el Real Colegio de Farmacéuticos de Madrid en 1930 (21 de enero); al convertirse éste en Real Academia de Farmacia pasó a ocupar la medalla 18, desde 1962 desempeñó el puesto de vicesecretario de esta Real Academia; también fue académico correspondiente de la Real Academia de Farmacia de Cataluña. Tomó parte activa en la Real Sociedad Española de Física y Química, en cuyos Anales dejó muestras de su labor investigadora tanto en síntesis química como en análisis químico.

La ermita de la Soledad, de Almiruete

Todavía puede leerse en una placa de mármol gastada por el tiempo, sobre la hoy arruinada ermita de la Soledad, de Almiruete, la dedicatoria que sobre ella colocó quien llevó a cabo su última obra:

Realizada a la memoria de Claudia Manada Vera por su esposo don Juan de Dios Blas y Martín, naturales de Almiruete, vecinos de Madrid”.

Claudia Manada Vera, cuando se descubrió la placa e inauguraron las obras de restauración de la ermita, así como su inauguración oficial, ya no se encontraba en este mundo, puesto que descansaba a la eternidad de los siglos en la sacramental de San Lorenzo, de Madrid, desde el año anterior; sin embargo, a la inauguración de todo aquello sí que asistió el pueblo entero de Almiruete, y muchos vecinos de los pueblos aledaños, incluidas las autoridades de Tamajón, con los curas de las parroquias de la comarca y, por supuesto, con la presencia de quien financió las obras, don Juan de Dios Blas y Martín, junto a su hijo Macario. La inauguración y bendición de la ermita, una vez finalizadas las obras tuvo lugar el 22 de agosto de 1899, conforme al acta que se levantó del hecho que pasaría a formar parte de la propia historia de Almiruete. Acta redactada por Macario Blas, como abogado, y en la que se recogerían todos los extremos de la obra, así como los deseos de don Juan de Dios Blas.

La restauración de la iglesia parroquial

Todavía tendrían los descendientes de don Juan de Dios Blas Martín una nueva ocasión para dejar su nombre inscrito en la historia de Almiruete; lo motivaría la reconstrucción de la iglesia parroquial de la localidad, dañada durante el transcurso de la Guerra civil española (1936/39), encargándose de las principales obras de restauración la ya viuda de don Macario Blas Manada. Obras de restauración en las que colaborarían aportando trabajo o mano de obra algunos vecinos de la localidad. Las obras se llevarían a cabo a partir de 1942, tras el fallecimiento de don Macario Blas, siendo inauguradas, con la presencia de numerosas autoridades provinciales, las locales de las poblaciones del entorno y, por supuesto, la asistencia de los hijos de don Macario Blas, nietos de don Juan de Dios, el 8 de mayo de 1944.

 

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Nueva sección Rutas!